En
la iglesia no existían en ese entonces, congregaciones
femeninas cuyas estructuras facilitaran la evangelización
de los grupos indígenas ubicados en lugares
selváticos. Las cartas de respuesta que llegaron
a las manos de la señorita Laura, cuando buscaba
comunidades femeninas que se internaran en la selva
para evangelizar y catequizar a los indios, muestran
a las claras, que sus reglas no permitían un
trabajo realizado fuera de sus casas religiosas, en
lugares tan inhóspitos y en las condiciones
de pobreza en que debían ser fundadas dichas
casas religiosas. Laura Montoya Upegui movida por
el Espíritu de Dios y su gran celo apostólico,
se decide a "catequizar" personalmente a
los indios. Concibe una comunidad diferente que se
sale de modelos existentes para realizar una misión
liderada por mujeres y llevada a cabo en lugares selváticos
e incomunicados. A imitación de Jesús
que se encarnó entre los hombres para salvarnos
y liberarnos del pecado, Laura concibe una congregación
que se pone al nivel del indígena, del negro,
del explotado. Vive, comparte y trata de pensar como
ellos, se deja guiar por el amor, no impone por la
fuerza sino que convence con el testimonio, con la
vida misma de pobreza, humildad, sencillez, bondad
y amor eficaz.
Con la aprobación de Monseñor Maximiliano
Crespo Obispo de Santa Fe de Antioquia, con un pequeño
grupo de mujeres esforzadas sale hacia la región
del Urabá antioqueño, donde la selva
y los ríos se entrecruzan, las fieras y el
clima ardiente atemorizan para adentrarse en lo desconocido.
Sólo la luz de la Fe y su amor apasionado a
Dios y a los indios, fortalecen asombrosamente las
fuerzas de estas mujeres intrépidas.