En
1905 apareció la novela "Hija espiritual"
del doctor Alfonso Castro. Éste le hizo saber
a Laura que tumbaría el Colegio. Este se acabó
porque con esta novela los padres de familia se atemorizaron
y el colegio se desacreditó. Clausurado el
colegio, Laura se trasladó a la población
de La Ceja donde trabajó como maestra en la
escuela oficial, bajo la dirección de una señora
que se aprovechó de su situación y descrédito,
para humillarla y exigirle mucho más que lo
que podía en esas circunstancias. Allí
renovó sus votos por devoción. Laura
sintió adhesión a la calumnia y en una
locura de amor, se hizo el tatuaje de una cruz en
el pecho. Regresó a Medellín, donde
su madre y Carmelita su hermana estaban en una gran
penuria económica. Por
orden del Vicario General de la arquidiócesis,
hizo su defensa en "Carta abierta", escrita
con el fin de defender la educación católica
de los ataques que le hacían en la novela del
doctor Castro.
Esta defensa puso muy en alto su nombre. En esta carta
dicen algunos, ella se muestra "no sólo
como estilista consumada" sino también
como mujer de Dios, con el único interés
de darle gloria. En este tiempo, Laura se encargó
de la educación de algunos niños con
clases particulares. En 1907 fue nombrada oficialmente
como maestra en la pequeña población
de Marinilla a pocos kilómetros de Medellín.
"Estando en esa población como maestra,
una tarde después de terminar sus clases fue
a visitar el Santísimo, tuvo su encuentro místico
con la Paternidad de Dios, cumbre de su experiencia
trinitaria. Arrodillada en la primera grada del comulgatorio,
oraba con su acostumbrado dolor por las almas de los
infieles, cuando sintió un dolor tan profundo
que no dudó de la maternidad que el Eterno
Padre le confiaba".