Sí, escucharé entonces, llena de regocijo las palabras con que Dios promete al alma justa perseguida, su recompensa: "Pobrecilla, le dice el Señor, pobrecilla, combatida tanto tiempo por la tempestad, privada de toda consuelo: mira que yo mismo colocaré por orden las piedras y te edificaré sobre zafiros y haré de jaspe tus baluartes y de piedras de relieve tus puertas y de piedras preciosas todos tus recintos". Y así, de antemano, Dios de mi corazón, digo:


Sí, te diré en mi agonía,
sí, al extinguirse el aliento,
sí, al terminar de mi vida,
sí, al traspasar del tiempo.

Sí, en el dolor de mi carne,
sí, al deshacerse mis huesos,
sí, en el podrirse de mi sangre,
sí, en el cerrárseme el tiempo.

Quiero decir sí al morir
y sí cantar al escuchar
el sí que tanto anhelo
y diciéndote sí, llegar al cielo.

Sí, dirá el humo de mi holocausto,
sí, el extinguirse del fuego,
sí, las cenizas que llevan el viento,
sí, hasta Ti levantar el vuelo..".

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