Desde el domingo 21 de agosto se llevó diario de su enfermedad. Y por él conocemos una serie de pormenores y detalles de grande edificación. El 22 a las diez y media, el padre Aníbal juzgó del caso administrarle la santa unción y así se hizo en presencia de toda la comunidad, que respondía fervorosamente a las preces rituales. Concluidos los salmos penitenciales, las religiosas entonaron un linda y sentido canto mariano que comienza: "Oh Madre mía, quiero desde ahora", y que puso en todos los corazones una intensa emoción. La Madre agradeció al padre capellán la merced de ese santo sacramento:

-Que mi Dios le pague, padre. No se imagina de cuánto consuelo ha sido esta ceremonia para mí. Y añadía, mirando a las novicias: "Lo único que siento es dejar estas muchachitas".

A imitación de su dulce Maestro, había de pasar por todas las angustias de la pasión: su cabeza atacada de meningitis, padecía un intenso dolor. Su cuerpo llagado, empezaba a gangrenarse y no podía moverlo sin ayuda de muchas manos. Estaba clavada en la cruz y ni siquiera podía expresar sus martirios por estar privada del uso de la palabra durante todos esas días.De la víspera de su muerte se ha contado un hecho misterioso:
A él se refiere el entonces capellán de Belencito, padre Aníbal Wiedemann, en la revista Almas: La víspera de su muerte se apareció en sueños a una de sus misioneras del Ecuador y le dijo: Vengo visitando las casas de mis religiosas, para impartirles la postrera bendición. Esto es un sueño para su caridad, pero para mí es una realidad, mañana espero la llamada del Angel del Señor. Su muerte causó conmoción en Colombia entera. Prensa y radio compitieron en pregonar la grandeza de la vida que acababa de extinguirse.

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