El clima excesivamente caluroso de la vieja ciudad de Santa Fe de Antioquia, la falta de agua a temporadas y ciertas dificultades para la asistencia espiritual, aconsejaron a la Madre Fundadora el traslado a Medellín, con sentimiento grande de Monseñor Toro que estimaba la obra y amaba a esa su hidalga Santa Fe.

El año de 1939 trajo consigo la realización de un anhelo sentido por toda la congregación: la fundación en Medellín, punto de partida de la primera expedición de aventureras de Cristo.

Por su situación central, por la bondad de su clima y por la facilidad de asistencia espiritual, médica, pedagógica, Medellín era la ciudad indicada para curia general y noviciado de las misioneras.

En julio de 1939 se establecía una ambulancia urbana en el barrio Nutibara, con la debida autorización del señor arzobispo monseñor Salazar y Herrera. Y el patrocinio del apóstol San Pablo. Su misión: visitar a los enfermos, contribuir a la moralización de las costumbres y regentar la escuela oficial de niñas, todas ellas de familias pobres. En febrero de 1940 las misioneras se encargaron de la Granja Jesús Obrero que la acción católica había fundado en un paraje llamado Guadarrama, a iniciativa del padre Eugenio Arias Alzate, secundado por las damas de Medellín. Mas tarde, en 1949, la acción de las hermanas se extendía a la Granja Infantil para niñas, de la Palmera, en El Poblado y a la Granja de Fátima (Prado) a donde pasa la de Jesús Obrero.

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