El pequeño grupo misionero fue creciendo. Eran
ya 40 Hermanas que trabajaban en la zona de Urabá,
en cinco centros misioneros, cuando se le presentó
la oportunidad de buscar "más almas"
por lo territorios aislados del ignoto Uré.
Le
hablaron a la Madre de "indios muy salvajes"
en el San Jorge, localidad dependiente eclesiásticamente
de monseñor Adán Brioschi, arzobispo
de Cartagena. Para esa desconocida región avanzó
la Madre Laura con la Hna. Ma. de la Sagrada Pasión
y un fiel peón, Efraín, atravesando
en su fuerte mula "La Flores", los montes
de Ituango. Sin sacerdote, sin recursos económicos
después de una accidentada aventura que comenzó
el nueve de septiembre de 1919 y terminó en
diciembre de ese año cuando estableció
en URE una misión para trabajar con los negros
de la región.
Esta fundación de Uré mostró
a la Madre otros campos en donde trabajar: los negros,
los mestizos que formaban pequeños grupos a
orillas de los ríos, carentes de todo auxilio
espiritual, en condiciones de aislamiento y desamparo
por parte de la Iglesia. Por ellos trabajó
y se preocupó de establecer casas misioneras
en todo este territorio. La Madre tuvo desde un principio
muchas dificultades Porque no entendían su
manera de evangelizar y sobre todo de ser religiosa.Fueron
causa de sufrimiento para las primeras Hermanas, la
actitud de algunos sacerdotes y obispos, la falta
de auxilio espiritual en las pequeñas casas
de misión, las incomprensiones de las autoridades
civiles y del Protector de los indígenas.
En general, podemos decir que no pudieron entender
el carisma nuevo y providencial de la Congregación.